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    <title>Blog | Monte de Sion</title>
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      <title>La Corono No Es Un Virus</title>
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      <content:encoded>&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;h3&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           La corono no es un virus
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/h3&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;&#xD;
&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Su nombre se ha contraído para llamarlo COVID -19. En este nombre abreviado, “CO” corresponde a “corona”, “VI” a “virus” y “D” a “disease” (“enfermedad”). El 19 corresponde al año 2019 en que surgió. La plaga ha sido tan famosa que, según el portal 
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;a href="null" target="_blank"&gt;&#xD;
      
           Sprinklr.com
          &#xD;
    &lt;/a&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            , los términos coronavirus y covid-19, fueron buscadas unos veinte millones de veces en un solo día a través de Google, Facebook y Twitter el 11 de marzo del presente año 2020. Al virus le acompaña en su nombre la palabra corona, debido a las extensiones que lleva encima de su núcleo que se asemejan a la corona solar. Es tan horrible que el que recibe la infección, está expuesto al peligro de morir. Con razón, todas las personas quieren huir de una corona semejante.
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            El contexto sirve para recordarnos algunas verdades fundamentales de la fe. Cuando la Biblia habla de corona, siempre la asocia con un reino y, por ello, la corona es el atuendo de un rey. Esto es lo que conocemos por corona regia en Ester 1:11. Pero, la Biblia también usa el término corona en sentido figurado, para revelarnos el plan divino de bendecir al hombre. Por ejemplo, Ø  El Salmo 8:5 dice que Dios ha coronado al hombre de gloria y de honra.
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;ul&gt;&#xD;
    &lt;li&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        &lt;span&gt;&#xD;
          
             En 65:11 el Señor corona el año con sus bienes.
            &#xD;
        &lt;/span&gt;&#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/li&gt;&#xD;
    &lt;li&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            En 103:4 él corona el alma de favores y misericordias.
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/li&gt;&#xD;
    &lt;li&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        &lt;span&gt;&#xD;
          
             En 132:17,18, en alusión a Cristo, el Señor viste de confusión a sus enemigos, pero sobre David florecerá su corona.
            &#xD;
        &lt;/span&gt;&#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/li&gt;&#xD;
    &lt;li&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        &lt;span&gt;&#xD;
          
             En Proverbios 4:9, la Sabiduría da al que la abraza, corona de hermosura.
            &#xD;
        &lt;/span&gt;&#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/li&gt;&#xD;
    &lt;li&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        &lt;span&gt;&#xD;
          
             En Isaías 28:5, Dios mismo se presenta como corona de gloria, y diadema de hermosura al remanente de su pueblo.
            &#xD;
        &lt;/span&gt;&#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/li&gt;&#xD;
  &lt;/ul&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            Nuestro bendito Señor fue coronado de espinas (Mt 27:29). Y aunque sus enemigos lo hicieron por despecho, no sabían que estaban coronando al verdadero Rey, el Rey de los judíos (Mt 2:2), el Rey de la hija de Sion (Mt 21:5), el Rey de Israel (Mt 27:42), el Rey de los santos (Ap 15:3):, el Rey de reyes (19:16).
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            Nosotros, por su muerte y resurrección, somos con él reyes y sacerdotes (Ap 1:6). He aquí algunos aspectos gloriosos que el Nuevo Testamento presenta sobre la corona que pertenece a los santos. Primero, la corona que se nos ofrece es incorruptible (1 Co 9:24,25). La fe reclamada como condición al que obtendrá dicha corona, entraña también abstenerse de toda especie de mal (1 Ts 5:22). Pablo lo ilustró con el atleta que se abstiene de todo, con tal de obtener una corona corruptible. Si cumple dichas reglas, puede vencer y ser coronado como el ganador. La corona entregada en los famosos juegos olímpicos, era, en verdad, una rama de laurel.
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            En los juegos ítsmicos, era una rama de pino. No obstante, tenía el significado del tipo de honor entregado a los magistrados. Al tomar como ejemplo aquella corona perecedera, Pablo nos muestra que, buscar el premio eterno, entraña correr como quienes lo quieren obtener. Lo incorruptible de la corona asignada al vencedor, significa que no se marchitará jamás. Por tanto, la honra que dará el Señor al que batalla ardientemente en la fe, perdurará eternamente. Segundo, es una corona de justicia, y está guardada para los creyentes que pelean la buena batalla, acaban la carrera y guardan la fe (2 Ti 4:7,8).
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            Esto supone que es la corona para premiar el triunfo del perseverante. Como soldados en la batalla espiritual, debemos estar firmes (Ef 6:11,13,14), como atletas, es imperativo despojarnos de todo peso y del pecado que nos asedia, con la mirada puesta en Jesús (He 12:1,2). Y como quienes guardan la fe, debemos ser retenedores de la Palabra fiel tal como ha sido enseñada (Tit 1:9). Los que han sido justificados en Cristo, tendrán el honor que el Señor mismo les coronará con la justicia que corresponde a su rectitud.
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            Tercero, es una corona de vida que ha de recibir el varón que soporta la tentación. La paga del pecado es muerte (Ro 6:23 a), y el tentador mentiroso ofrece el pecado sin avisar de las fatales consecuencias que trae su cometimiento. Pero cuando el hijo de Dios haya vencido la prueba, (lo cual se logra confiando en Cristo y lo que él hizo en la cruz), recibirá la corona de vida que Dios ha prometido a los que le aman (Stg 1:12).
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Con esto concuerda aquel mandamiento con promesa dicho por Cristo a la iglesia de Esmirna: Se fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida (Ap 2:10). Con este lenguaje tan rico, somos llamados a quitar la mirada del pecado y sus deleites temporales, a fin de no recibir la muerte al final, sino la vida con Cristo por la eternidad. Amados, la corona presente en el virus actual es sinónimo de muerte, pero la corona incorruptible, de justicia y vida que Cristo ofrece, está garantizada a todos los que le reciben como Salvador.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Recordemos lo que dijo el inspirado himnólogo: Después de la batalla, nos coronará. Con esa corona disfrutada en gloria, nada pondrá en peligro nuestra subsistencia eterna. Es una corona de reino. Por tanto, si sufrimos, también reinaremos con Él (2 Ti 2:12). Esperando con ustedes el reino eterno de nuestro Señor, Soy vuestro servidor, Pst. Eliseo Rodríguez
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;&#xD;
&lt;div&gt;&#xD;
  &lt;a&gt;&#xD;
    &lt;img src="https://irp.cdn-website.com/23a5caf5/dms3rep/multi/photo-1600468448005-67286e81341b-30769b97.jpg" alt=""/&gt;&#xD;
  &lt;/a&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;</content:encoded>
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      <pubDate>Tue, 01 Jun 2021 22:25:26 GMT</pubDate>
      <author>steve@vertical-link.com (Steve Cordon)</author>
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      <title>SE OFRECEN PRUEBAS GRATIS</title>
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      <content:encoded>&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;h3&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Se Ofrecen Pruebas Gratis
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/h3&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;&#xD;
&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Seguro todos saben que la presente situación sanitaria que vive el mundo ha hecho muy popular la frase “hacerse la prueba”. En inglés se habla hasta la saciedad sobre la necesidad de los “tests” (exámenes) para descartar la presencia de este virus atroz. Las estadísticas son alarmantes sobre personas alteradas emocionalmente por el temor al resultado positivo de “la prueba”. Hay millones de personas con el virus, pero hay otras muchas con depresión y miedo ante la posibilidad de estar en la cifra de los infectados que no logran recobrar la salud y mueren. Otros prefieren no hacerse la prueba porque les parece mejor no saber cuán vulnerables pueden ser ante aquello que amenaza su vida.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        &lt;br/&gt;&#xD;
        
            Lo cierto es que la presente pandemia ha puesto a prueba el sistema de salud mundial, la hegemonía de los gobiernos sobre los pueblos, la confianza que el rico siente en su dinero y la capacidad de los científicos más inteligentes. Pero, más que ello, ha puesto a prueba la estabilidad de los seres humanos sobre la tierra. Ahora sabemos un poco mejor que un organismo invisible y microscópico, se puede comer, sin ser detectado, las grandes economías del planeta, quitar el trabajo a los obreros, detener masivamente el tráfico aéreo en el mundo, desbordar los centros de salud de la tierra, destruir la reserva económica de las familias, producir hambruna y, hasta cambiar momentáneamente a los pastores la manera como ejercemos el santo ministerio.
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            Ahora todos en el orbe sabemos mejor que el futuro no está bajo nuestro control. ¡Cuántas lecciones importantes para la vida nos ha traído la presente virulencia! Pero, en medio de tanta frustración, ¡se ofrecen pruebas gratis! Dios no nos está cobrando dinero para entrenar nuestras convicciones.
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Lo que ha hecho es llamar nuestra atención para que lo miremos otra vez de cerca. ¡Tantas veces él habrá sufrido que, debido a nuestra velocidad cotidiana, no nos hemos hecho la prueba para saber si todavía estamos en él. Me refiero a aquella que mencionó Pablo: Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados? (2 Co 13:5). La idea central de ese texto es que no debemos esperar desaprobar los exámenes divinos para saber, entonces, que nuestra fe necesita revisión periódica.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
      
           A veces Dios permite sucesos en nosotros que nos traen de regreso a la mesa de la comunión con él. Por ejemplo:
           &#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
      
           El salmista le preguntó a Dios: ¿Por qué estás tan lejos de mi aflicción y de las palabras de mi clamor? (Sal 22:1). Esta fue una inquisitiva profética de David, pues apuntó a la cruz, donde Jesús preguntó agonizante: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? (Mt 27:46). La respuesta silenciosa a aquella interrogante dio evidencia que Jesús estaba llevando sobre su carne el pecado de todos nosotros. Si alguno tiene los síntomas que dieron lugar a aquella pregunta, es hora de verificar si en verdad ha roto los nexos con el pecado a través de la fe en Jesús. Para el verdadero cristiano la pregunta puede convertirse en un resultado revelador para hacerle ver que no es Dios el que está lejos, sino que debemos acatar esta recomendación: acercaos a Dios y él se acercará a vosotros (Stg 4:8). Nuestro Señor disfruta nuestra compañía. La Biblia dice que la oración de los rectos es su gozo (Prov 15:8). Cristo mismo prefiere tener amigos, son aquellos que hacen lo que él les manda (Jn 15:14).
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
      
           O, si el estado de ánimo está por el piso, una prueba efectiva es preguntarle al alma: ¿Por que te abates, oh alma mía, y por qué te turbas dentro de mi? Examinarnos así, nos puede ayudar a comprobar que Dios ha sido fiel en el pasado; por tanto, le podemos responder al alma abatida: Espera en Dios, porque aún he de alabarle, salvación mía y Dios mío (Sal 42:5).
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        &lt;br/&gt;&#xD;
        
            A veces, no tenemos síntomas previos de abatimientos en el alma, ni percibimos demasiado lejos a Dios. Pero, de repente, una ola embravecida golpea la seguridad de nuestra embarcación. En ese momento oscuro cuando nuestra fe no atina a ver la solución, es Cristo quien nos hace gratuitamente la prueba. Se la hizo a sus discípulos en alta mar, cuando su débil barca se anegaba ante la furiosa tempestad. Entonces, triunfante sobre la furia de las aguas, con palabras dulces y serenas, examinó los corazones de sus obreros: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? (Mt 8:26). En aquel examen el Señor no estaba midiendo el tamaño de la fe de ellos. Quería comprobar si la poca fe que tenían les era suficiente para seguir confiando mientras la vida parecía estar en peligro. Debemos recordar que cuando una vez le pidieron al Señor que les aumentara la fe, él no lo hizo. Les enseñó que si fuere ella tan pequeña como un grano de mostaza, bastaría para decirle a aquel sicómoro, desarráigate y plántate en el mar y les sería hecho (Lc 17:5,6). Así les dio la lección que nadie puede ostentar mover el mundo a su favor por cuán grande sea su fe, sino por tener, aunque sea una débil mirada, pero fija, en el Salvador correcto.
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Cuando Cristo calmó la tormenta con solo una palabra, todavía la fe de sus discípulos era pequeña, pero con miradas sorprendidas sobre el poder del Señor, se preguntaron: ¿Qué hombre es este que aún los vientos y el mar le obedecen? (Mt 8:27). ¡Todavía se ofrecen pruebas gratis! Cristo no nos cobrará por dejarnos a veces convictos de nuestra incredulidad y por enseñarnos que siempre debemos confiar en él. Un examen que Jesús le hizo a Pedro también en medio de un mar turbulento, nos enseña de gratis que, en tiempos de recias tempestades, la única salvación está en mirar fijamente al Salvador (Mt 14:(305) 917-3480.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
      
           Aún los ministros de la Palabra sabremos en este tiempo, con qué material hemos edificado en la casa de Dios. Si sobre el fundamento ya puesto por Dios que es Jesucristo, hemos construido con oro, plata o piedras preciosas (1 Co 3:(305) 917-3480, el edificio de Dios permanecerá intacto. Esos metales representan la doctrina sólida de la Fe con que un pastor debe construir en la iglesia del Señor. Si un siervo de Dios ha hablado a su congregación de la Palabra de la Cruz, de Jesucristo y este crucificado (1 Co 1:18; 2:2), y, si más allá del afán de erudición, ha tomado la Biblia como su libro de texto, entonces, el fuego de la presente circunstancia volverá a hacer visible el rebaño reluciente y gozoso.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
      
           Amados siervos del Señor y hermanos de las congregaciones cristianas. Es ahora cuando debemos procurar presentarnos a Dios aprobados (2 Ti 2:15). Si el enemigo nos pregunta en medio de la prueba: ¿Aún retienes tu integridad? Debemos haber pasado victoriosos la prueba como para responder:¿Qué? ¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos? (Job 2:8-10). Esta es la mejor oportunidad para brillar; sí, ahora cuando las tinieblas son densas. Este es el turno concedido a los vencedores para confirmar su fe en la bendita Palabra. Si ella es lámpara para nuestros pies, es porque el camino tendría tramos oscuros cuando solo la Palabra sería nuestro consuelo en la aflicción (Sal 119:49,50, 105). Este es un espacio ideal para consagrar la vida a tal manera que, si ya Cristo está al venir, entonces, gozosos le digamos: Amén, si, ven Señor Jesús (Ap 22:20).
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;&#xD;
&lt;div&gt;&#xD;
  &lt;img src="https://irp.cdn-website.com/23a5caf5/dms3rep/multi/photo-1472161913177-cc91640394d0-1c7e9ea5.jpg"/&gt;&#xD;
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      <pubDate>Tue, 01 Jun 2021 22:25:25 GMT</pubDate>
      <author>steve@vertical-link.com (Steve Cordon)</author>
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      <title>¿DÓNDE IMPRIME DIOS SUS CARTAS?</title>
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           ¿Donde Imprime Dios Sus Cartas?
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            Una de las características de los ídolos, tal como los presenta la Biblia, es su mudez. Ellos tienen boca, mas no hablan (Sal 115:5 a). Lo peor, sus adoradores llegan a ser como ellos (v. 8). Pero de nuestro Dios podemos testificar: Por la Palabra de Dios fueron hechos los cielos, y todo el ejército de ellos por el aliento de su boca (Sal 33:6). Sabemos que nuestro Salvador en el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Todas las cosas por él fueron hechas y, sin él, nada de lo que ha sido hecho fue hecho (Jn 1:1,3). Cuando Dios formó la criatura humana, puso espíritu en el hombre, dándole la capacidad de sintonizar la voz de su Creador. La primera vez que el hombre oyó la voz divina este fue el contenido del mensaje: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra (Gn 1:28). El contexto muestra que aquellas eran palabras de bendición. Ello significa que el propósito divino era bendecir a la pareja con mucho fruto, multiplicación, ensanchamiento y autoridad. Tristemente, aquella bendición no logró imprimirse perdurablemente en Adán, pues desobedeció la voz del Soberano. Entonces vino la caída y, de inmediato, nuevamente se oyó la voz de Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día. El sentimiento confeso de Adán fue: Oí tu voz en el huerto y tuve miedo… y me escondí… (Gn 3:8-10). La justicia de Dios se expresó verbalmente y trajo maldición a la serpiente, grandes dolores a la mujer encinta y al dar a luz sus hijos. La voz divina anunció al hombre, que, por su causa, la tierra sería maldita y comería de ella con dolor. Ahora tendría que lidiar con espinos y cardos, sufrir para comer el pan y, finalmente, ser devuelto al polvo del que fue formado. Bastaría este génesis para aprender que, cuando estamos en el terreno de la voluntad divina, Dios imprime en nosotros sus mejores bendiciones. Entonces, su Palabra viene con promesas de abundante fruto, multiplicación ilimitada, territorio ensanchado y ejercicio santo de la autoridad. Pero cuando desoímos sus preceptos, las cartas de Dios traen noticias de juicio y dolor. Ahora, la Biblia deja claro que hay diversas formas en que Dios imprime su voz, intentando llamar la atención del hombre para que lo busque. En primer lugar, la Creación es una carta abierta de Dios al hombre para que vea en ella su innegable existencia. Sabemos que las cosas invisibles de él, su eterno poder y Deidad se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas (Ro 1:20). De una sangre, Dios ha hecho todo el linaje de los hombres para que lo busquen, si en alguna manera, palpando puedan hallarle, aunque, ciertamente, no está lejos de cada uno de nosotros (Hch 17:26,27). Los cielos cuentan la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Un día emite palabra a otro día, y una noche a otra noche declara sabiduría (Sal 19:1,2). Sin lenguaje articulado ni vocablos sonoros, por toda la tierra salió su voz y hasta el extremo del mundo sus palabras (vv. 3,4). A través de esa carta del Universo creado, Dios revela también nuestra pequeñez. Así lo cantó David: Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste, digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites? (Sal 8.3–4). ¡Seamos diligentes en asumir una actitud humilde ante la majestad de nuestro incomparable Dios! En segundo lugar, la carta magna del amor de Dios al hombre es el envío de su Hijo Unigénito al mundo. Si alguien pudiera imaginar al Padre como un Amo airado, de rostro fruncido y ansioso por derramar su ira, le debemos presentar a Jesús. Él es la carta de amor de Dios para el mundo pecador. Acerca del divino Remitente, leemos: Porque de tal manera amó Dios al mundo que dio a su Hijo Unigénito… (Jn 3:16 a). Las primeras líneas de esta misiva eterna, fueron cantadas angelicalmente a unos pastores en Belén: Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres (Lc 2:14). Jesús es la imagen del Dios invisible, por tanto, su vida es una impresión con letras claras sobre cuánto nos ama Dios. Miles leyeron la bondad divina impresa en aquel Buen Pastor, mientras recorría Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo (Mt 4.23). A pesar que el ministerio público de Jesús fue desbordante en gracia y verdad (Jn 1:14), sabemos que el desplegar mayor del pergamino de la gracia ocurrió en la cruz. Sobre el cuerpo del Hijo de Dios fueron colocados los pecados del mundo (Isa 53:6;1 P 2:24). Allí derramó su sangre y nos redimió eternamente. Muchos que pasaron frente al Calvario, no pudieron leer con claridad. Sus ojos borrosos por la embriaguez del pecado les impedían ver qué Dios estaba diciendo allí. Pero otros leyeron con visión clara, como aquel ladrón que, arrepentido, le pidió a Jesús recordarlo cuando viniera en su reino. Entonces Jesús prometió darle el paraíso (Lc 23:(305) 917-3480. Después de consumar la obra encomendada en la eternidad, el Hijo de Dios expiró. Pero todavía Dios estaba escribiendo y haciendo entendible su mensaje a los que rodeaban el doloroso escenario. El centurión que dirigió la crucifixión se detuvo a leer los acontecimientos. Mateo enlista así los eventos inmediatos a la consumación de Cristo: … el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron; y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron; y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos (Mt 27.51–53). Sin dudas, Dios estaba escribiendo evidencias para dar fe a los que debían creer. Entonces, el Centurión y los que estaban con él guardando a Jesús, leyeron en voz alta aquel impreso divino. Tal parece que, con una mirada al cuerpo pendiente de Jesús, confesaron: Verdaderamente éste era Hijo de Dios (v. 54). Toda la congregación celestial aguarda que muchos más digan lo mismo al leer el mensaje de la Cruz. Somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros. Por tanto, les debemos rogar a los perdidos, reconciliaos con Dios (2 Co 5:20). Amados, ahora, cuando el mundo enfrenta otra pandemia de tal naturaleza, sabemos que ello no está ausente al conocimiento de Dios. Él está queriendo llamar la atención del hombre, deseoso de salvarlo, perdonarlo y darle el paraíso como refugio eterno. ¡Permita el Señor que la gestión de sus embajadores, pueda ayudar a muchos a leer el lenguaje que Dios imprime también en el pergamino del dolor! Por un lado, la iglesia debe interpretar bien el lenguaje de estos raros acontecimientos, y leer así: ¡Nuestra redención está cerca! (Lc 21:28). Por el otro, debemos aprovechar la premura para invitar a todos a leer en Cristo cuán aborrecible es el pecado ante la Justicia divina, y cuál precio amoroso se pagó para salvarnos. En Cristo, Vuestro servidor, Pst. Eliseo Rodríguez 
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      <pubDate>Tue, 01 Jun 2021 22:25:23 GMT</pubDate>
      <author>steve@vertical-link.com (Steve Cordon)</author>
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